
Yo nunca decidí quererte,
nació solo, como surgen las cosas que van por libre
arrastrando nostalgias pasadas, como se vuelan las hojas
Dibujando pisadas nuevas por mis caminos,
marcando territorio y borrando antiguas huellas,
Y aquí sigues.
Removiéndome el alma cuando me escribes.
Y cuando no.
Aunque pensándolo bien,
a mi tu me remueves el alma
desde la primera letra que cruzamos.
Me descolocas la vida en apenas unos segundos,
me apagas, me enciendes y me volteas entera
hasta que pierdo conciencia de mis puntos cardinales.
Hace tanto tiempo que sin pretenderlo
logras eso en mi,
que ya no me lo cuestiono y lo acepto
como acepto al viento que zarandea mis ideas.
A veces pienso que estaré muerta
y tu me hablaras y volveré a la vida...
Tal es la forma en que tiras siempre de mi.
Escucho tu voz entre tus letras preguntando insistente
"Tu crees eso de verdad, sientes que no te quiero?"
Y me quedo muda por que no me atrevo a responderte
por si desaparezco o desapareces...
Y esa conexión tan extraña que nadie comprende
ni tampoco yo,
que me hace sentirme en casa cuando estamos juntos.
Y esa sensación de no poder irme
aunque yo crea que ya me he ido.
Y esa emoción que me alcanza
aunque parezca estar ya muy lejos de tu vida.
O ese hilito fluyendo y palpitando
en dos direcciones en apariencia opuestas
que nos vuelve a colocar enfrente
una y mil veces...
como un mismo espejo que refleja
dos corazones que son un solo ser
Y me dejo acariciar por tu estela.
Y me voy, aunque vuelva.
Y siempre, siempre, aunque no lo quiera,
me remueves el alma con tus letras.
Laura C.
